lunes, 29 de junio de 2009

Continente o contenido

Continuamente nos bombardean con anuncios de cremas antiarrugas, dietas milagrosas, yogures desnatados, pastillas de adelgazamiento...todo, para alcanzar el cuerpo perfecto y así “sentirnos bien” con nosotras mismas.
¿Es que acaso el único modo de querernos es parecernos a esas esculturales modelos, actrices... de belleza antinatural y medidas perfectas? Por supuesto que tenemos que cuidarnos, atentaríamos contra el cuerpo si no lo hiciéramos. Pero hemos de encontrar el límite. Estamos haciendo del cuerpo una auténtica cultura, elevándolo casi a la altura de un Dios al que se alaba y se da culto.
En nuestra sociedad, llegados a cierta edad, las personas sienten vergüenza de decir su edad, porque al mirarse al espejo no ven el “envase 10” que la sociedad exige, y comienzan a estirarse la cara, el cuello...como si el cuerpo fuese una figura que hubiese que restaurar.
Hay una equivocación en el modo de cuidarse. Estamos más preocupados de cuidar nuestro envase que nos olvidamos de nuestro contenido.
No hay más que echar un vistazo a las estadísticas y comprobar la cantidad de gente que cada vez a más temprana edad acude a la ayuda psicológica. Estamos pues en una sociedad que pretende hacernos creer que estando más delgada, la felicidad, las amistades y el futuro están asegurados.
¿No se dan cuenta el daño que hacen a miles de mujeres, en su mayoría adolescentes, que han deshecho su vida y la de sus familias por ponerse dos tallas menos de pantalón? No avisaron que la autoestima bajaba a la vez que el tallaje.

domingo, 28 de junio de 2009

Promesa con los dedos cruzados

Anoche, en un ambiente del todo acogedor, en un lugar pequeño pero coqueto, con poca gente, y también con poca luz, acudimos a un concierto. Pero esta vez no era un concierto cualquiera. No era sólo un concierto de música. Fue un concierto, al menos yo lo sentí así, de amistad, de compañerismo, de alegría y en algunos momentos incluso de melancolía. Todo esto acompañado, por supuesto, de la mejor música en directo.
El título de este post quizá lo entiendan muy pocos, pero la persona que quiero que lo haga estoy convencida de que lo hará. Significó tanto para mí… Fue una noche la verdad de recuerdos, de muchos sentimientos, de emociones, cosas se removieron, pero ante todo fue una noche , creo que muchos lo compartirán conmigo, para disfrutarla, y yo la verdad, lo hice…y mucho. Porque hay personas que no hace falta verlas todos los días para saber que están ahí cuando las necesitas, porque hay personas que simplemente están. No podía pasar sin dedicarte a ti y a tu música un post. Sé que muchos no le conocéis, ni siquiera sabréis de quién estoy hablando, pero eso tiene solución, porque siempre que queráis, al menos, le podréis escuchar… Sólo podría despedirme de este post con una palabra, breve pero que encierra todo un gran significado. Por todo... GRACIAS.


sábado, 27 de junio de 2009

Una selectividad muy selecta

Hace unos días fui testigo de un acto cuanto menos emocionante. 100 jóvenes celebraban junto con el rector de la universidad y arropados por compañeros, amigos y sobre todo familias, su éxito en un examen tan temido como Selectividad. Era tal orgullo ver a esos chavales que estaban siendo premiados por su esfuerzo, su trabajo, su tesón y sobre todo por su ya presente ilusión universitaria… Un homenaje a todos estos valores que no siempre son premiados y pocas veces reconocidos. Chicos jóvenes, chicos sanos, chicos listos y trabajadores, y sobre todo chicos que algún día, no siéndolo tanto, serán el futuro de nuestra sociedad. Pero si me sentí orgullosa por algo era porque entre esos 100 chavales, estaba ella, mi hermana.


miércoles, 24 de junio de 2009

"Al pan, pan y al vino, vino"


Desde que me dijeron que no se llamaba aborto sino interrupción de embarazo, daño colateral y no asesinato e insurgente en vez de terrorista, creí haberlo escuchado todo.
¿Tanto miedo tenemos a llamar las cosas por su nombre? La excusa es que queda mucho más bonito decir muerte digna que eutanasia, amante de lo ajeno que ladrón...
La mayor preocupación es que su mayor uso se lleva a cabo en prensa, medio de comunicación caracterizado por la información objetiva. Somos la contradicción personificada. Tenemos pudor a decir muerte, por lo que decimos fallecimiento, llamamos acción armada al asesinato, pero no tenemos problemas por llamar a la asistenta del hogar “chacha” o a la estación de servicio gasolinera o al ingeniero técnico “perito”, de nuevo tropezamos con la misma piedra.

Sonríe

He prometido que el siguiente post sería dedicado a algo que me han recordado como importante, y que yo la verdad había pasado por alto, y que sin duda agradezco me hayan recordado. Son muchas las cosas que embellecen a las personas: un buen cuidado de la piel, una buena vestimenta, una buena higiene y complementos…pero si hay algo que embellece a todo y cuando digo a todo me refiero a todo el mundo es sin duda alguna, una buena sonrisa. Pero no una sonrisa falsa, una sonrisa de compromiso, una sonrisa de sorna o burla, sino una sonrisa sincera, de verdad, de esas que iluminan tu cara y la del de enfrente. Porque si hay cosas contagiosas aparte de la gripe que tan de moda está, es sin duda una sonrisa. Cómo un gesto tan “tonto” pero sobre todo tan sencillo puede alegrarte el día, hacérselo alegre a otras personas, y sobre todo hacerte ver el mundo de otra manera. Porque es cierto que la sonrisa no soluciona nada, pero ayuda tanto, y la trivializamos tanto… Porque sonreír de verdad, como ser amable, cuesta poco, pero que muy poco. Así que como dice mi querida Rosana “Tú sonríe y verás como todo lo que hay en tus ojos parece que brilla”.

martes, 23 de junio de 2009

Besos

Parece algo absurdo, superficial y tonto, pero sin embargo los necesitamos si no cada día, sí muy frecuentemente. Y no me refiero sólo a los besos de enamorados, que hoy en día parece que cuando se habla de cariño o amor sólo nos referimos al que tu pareja te brinda. Me refiero a los besos de la noche o de buena mañana de tu familia, los de bienvenida a la facultad o al trabajo, los de esa amiga a la que hace tanto que no ves que casi se te olvida cómo era en realidad, ese beso de abuela que no se puede a veces soportar pero que es insustituible y se recuerda cuando no se tiene. Besos que se dan aunque no se quiera, otros que queriendo no se dan. También están aquellos que sin esperar llegan y otros que nunca llegarán. Pero como yo no soy poeta, dejo aquí a alguien a la que he seguido y admirado y aún admiro y sigo con el mismo placer, que sin ser poeta, cosa en mi opinión algo discutible, es capaz de animarnos a tener en cuenta desde el más preciado y esperado beso al más insignificante pero no por ello menos importante. Por ello, os dejo con ella que la verdad, se expresa mucho mejor que yo.

viernes, 19 de junio de 2009

Lectura bajo tierra

Cada mañana subo al metro. Me encanta observar a los viajeros, sobre todo en la hora punta de la mañana. Bostezos, prisas, caras de no haber dormido lo suficiente…son algunas de las expresiones matinales, así como el olor a los tantos y diferentes perfumes que deambulan por el andén mientras todos, esperan la llegada del próximo tren.
Al subir, algo que de siempre me ha sorprendido es la cantidad de gente que, leyendo bien sea una novela, poesía, una revista, prensa gratuita…consigue evadirse bajo tierra. Tanto la edad como el sexo del viajero, carecen de importancia, tan sólo se necesita abrir las puertas a la imaginación, abrir el libro… y comenzar el viaje.
No importa lo incómodo del trayecto, leer apoyados en la barra del tren, o tratando de aguantar el equilibrio ante cualquier posible frenazo; no importa el ruido chirriante de las ruedas sobre la vía, no importa cuántos bultos soportemos: carpeta, mochila, bolso…No importa el calor, no importan los empujones, pues nada se interpone entre el lector y las páginas.
Aunque algunos, son pocos los que duermen, pero muchos, muchísimos, los que logran, bajo la oscuridad de un túnel, soñar despiertos, mientras se encuentran absortos en las páginas que una a una van pasando impacientes mientras el tiempo parece detenerse.
Pero de ese sueño, como de todos, hay que despertar, y una vocecilla que anuncia tu parada, se encarga de ello. Tu parada. Parada. Parar de soñar, parar de evadirse, parar de leer. Pones el marca páginas, levantas la vista para comprobar que sí, que es ahí donde debes apearte. Cierras el libro, lo guardas y ahí termina tu aventura, aventura que para tu alivio y tranquilidad, continuará de vuelta a casa.

jueves, 18 de junio de 2009

Mi pequeño homenaje

Hay momentos en la vida, en que necesitas rodearte de gente buena, y la verdad que yo he tenido la suerte de poder tener a mi lado gente que sé que no merezco, pero como la tengo, voy a disfrutar de ella.
Este curso ha sido sin duda inolvidable por varios aspectos, algunos mejores que otros, pero sin duda, si me quedo con algo de este curso es el confirmar mi amistad con esa gente que cada día comparte conmigo clases, agobios, libros de siempre de autores de siempre, napolitanas recién hechas, muchas horas de lectura…y sobre todo ratos inolvidables.
Gracias a mi compañera y amiga de viaje que todos los días consigue con una sonrisa y alguna historia casera entretenerme y hacerme reír en un sitio tan desapacible como es el metro. A esa chica, ya no tan chica, que consigue divertirme cada día, sorprenderme cada día, hacer que me sienta querida y que hace la vida más fácil a la gente que tiene alrededor aunque a veces las personas no sean conscientes de ello.
Gracias a mi querida compañera y amiga de series (españolas y americanas, no tenernos problemas). Alguien a quien siempre puedes arrancarle una sonrisa, alguien que rezuma bondad por los cuatro costados, que nunca tiene un “no” en la boca si se trata de ayudar, alguien gracias a la cual merecía la pena ir a clase.
Gracias a alguien que a pesar de haberla conocido de la forma más casual, que rozaba en parte lo grotesco, me ha acompañado estos últimos años. Siempre con buena cara, siempre interesada en todo lo que pasa a la gente de su alrededor. Ha sido mi paño de lágrimas en más de una y de dos ocasiones, el hombro sobre el que llorar aunque también sobre el que reír. Ella me ha entregado su respeto, su cariño y sobre todo su amistad.
Como esto ya se acaba (me refiero al curso), miro atrás y no veo en mí demasiados buenos momentos, pero me siento afortunada, muy afortunada, porque si tener un amigo es tener un tesoro, gracias a vosotras, me siento la persona más rica del mundo.


Si te pregunto...

Existen películas para reír, para llorar, para pasar un buen rato, otras que por el contrario te lo hacen pasar mal… Y luego están aquellas que han sido hechas para vivirlas, para degustarlas, para verlas y verlas y nunca cansarte, para sacarles todo su jugo como si de un limón se tratara. Y esa, es precisamente la película “El indomable Will Hunting”. Pocas películas he visto varias veces, soy más de variar, pero sin lugar a dudas de ésta no me canso ni me cansaré porque tienes la certeza de que siempre aprenderás algo nuevo.
Diálogos mágicos llenos de sabiduría, la dicotomía entre un psiquiatra aparentemente desgraciado y tremendamente feliz, y la de un chico que parece saberlo todo pero que en realidad no sabe nada de la vida.
Si tuviera que escoger una escena, no sabría con cuál quedarme. Elegir una de ellas sería despreciar el resto, y sería lo último que haría. Pero centrémonos en la escena del lago en la que el psiquiatra pone a Will las cosas claras. Es sin duda, uno de los mejores monólogos que he visto en el cine, y creedme si os digo que soy una cinéfila incansable. Te atrapa desde antes de empezar, te retiene hasta después de terminar, y cuando acaba, aún querrías más. Es una lección de cómo dar una lección a alguien a través de un lenguaje duro pero cariñoso, sabio pero humilde, fuerte pero vulnerable.
Frases lapidarias salen de la boca de éste, nuestro querido psiquiatra escuchadas por un atónito adolescente superdotado, al que nadie, ni siquiera la cámara presta atención, llegando a creer el espectador que es a él a quién se dirige. Palabra a palabra, frase tras frase, el espectador va asintiendo por dentro, diciéndose a sí mismo: “Yo no podría haberlo expresado mejor”. Porque todo, absolutamente todo de este monólogo merece unos minutos de nuestra atención.
Y es que como dijo un famoso director: “Lo fascinante del cine es colocar al espectador en posiciones morales en las que nunca estuvo”. Quizá ésta es una de ellas, y si es así, ya sabremos cómo reaccionar.

miércoles, 17 de junio de 2009

Cita a ciegas

Llegaba impaciente, nervioso, y para colmo, tarde. Cuanto más pronto salía de su casa, más tarde llegaba a los sitios. No sabía cómo, pero era así. Lo tenía más que comprobado en el trabajo, las reuniones, en la ópera... y ahora, que después de estar tres años solos conseguía tener una cita, ni siquiera ese día se podía dar la excepción de la regla. Aún no sabía muy bien desenvolverse con las mujeres, nunca había tenido muchas novias, amigas sí, y buenas además, pero novias, no, ¿para qué? Pero ahora que se hacía mayor la pregunta era ¿y por qué no? En el trabajo le iba estupendamente, de hecho le aumentaron el sueldo gracias a que su proyecto publicitario consiguió ser un éxito. Tenía una familia encantadora, una casa decorada con un gusto exquisito, una gran personalidad que dar a conocer, pero siempre, al final, se acordaba de que también tenía un problema que compartir. Pero a aquella chica parecía no haberle importado, y eso fue precisamente lo que le enamoró. Porque sí, Martín estaba enamorado.
Caminaba rápido pero con paso seguro, como siempre solía hacer, y más a esas horas de la noche en que había tanta gente por el centro dispuesta a desconectar de la semana e incluso a ahogar sus problemas en el cubata de fin de semana.
No estaba seguro a qué altura de la calle quedaba el restaurante, pero siempre tomaba como punto de referencia el segundo paso de cebra, porque una vez pasado, la primera a la izquierda, ese era el local, su local. Le gustaba llamarlo así, “Mi local”, y es que habían sido muchas horas de facultad las que pasó allí, muchas comidas de empresa, muchas reuniones familiares, y por fin hoy, añadiría una cita a esos recuerdos.
Era un restaurante pequeño, muy acogedor, que tenía una cafetería adosada donde aprendió a escuchar y a reír rodeado siempre de amigos. Y es que Martín siempre había sido muy sociable, siempre se sintió bien acogido en la facultad tanto por sus profesores como por sus compañeros, quienes estaban pendientes de él en todo momento. Cada vez que entraba a “su local”, todos esos recuerdos parecían ser de hacía unos días, y habían pasado nada más y nada menos que más de diez años.
Al llegar, Julián estaba tras la barra, o al menos eso se imaginó Martín porque era donde se pasaba las horas. Nada más verle, Julián salió a recibirle.
- Martín, ¿qué pasa? ¿cómo va eso?
- Pues ya ves, mejor que ayer y peor que mañana.
- Di que sí, esa es la actitud. Bueno, tu mesa está ya preparada, pero creo que tu acompañante no ha llegado aún, qué picarón, que callado te lo tenías...
- Anda, anda, ¿puedo pasar ya?
- Sí claro, tú como en tu casa, ya sabes... Te acompaño y te enseño la mesa. Como siempre, junto a la mesa de cortar.
- Gracias, Julián siempre en todo. ¿Podrías traerme un agua con gas mientras espero?
- Eso está hecho, ahora mismo.
- Gracias.
A Martín le encantaba aquella mesa. Cada vez que Julián partía su famoso jamón un aroma invadía el ambiente, y el aire sabía a jamón, a jamón del bueno.
Unos minutos después de que Julián le hubiese servido el agua llegó Carla. Le dio por detrás en el hombro para llamar su atención y para que se cerciorara de que ya estaba allí. Se dio la vuelta, y le dio dos besos. A juzgar por el perfume y el olor a champú pudo saber que estaba recién duchada, y eso le encantaba, porque emanaba un olor a limpio que nada podía igualarlo, ni siquiera el jamón de Julián. El taconeo de Carla hasta su silla le hizo captar su coquetería y belleza.
- ¿Llevas mucho esperando?
- No, no, que va, no te preocupes.
- Es que lo del aparcamiento está imposible en el centro.
- Sí, la verdad que sí.
El olor a jamón se entremezclaba con el de Carla, y ya no se distinguía el uno del otro, parecía ser colonia de bellota. De pronto se dio cuenta de que su propio pensamiento le estaba haciendo sonreír.
- ¿De qué te ríes?
- De nada, simplemente estaba pensando para mí.
- Bueno, pero ¿no se puede compartir? ....
- Es que parece como si todo el restaurante oliera a ti y a jamón.
- Ah bueno, -comenzó a reírse con esa risa nerviosa que tanto encandilaba a los hombres- eso está muy bien. Por cierto, ¿quieres que pidamos?
- Sí, no te preocupes, Julián sabe qué traernos, lo he dejado a su elección.
- Uy, esto es todo un lujo...
- Sí, pero no te acostumbres, esto sólo pasa en la primera cita.
Carla pudo sonreír, pero si fue así, no lo vio. Tras una increíble cena, llena de conversación, risa, comida de calidad, buenas maneras, Martín creyó que el momento que tanto había deseado evitar estaba por llegar, y así fue.
- Bueno, y tú, lo tuyo, ¿cómo lo llevas?
- ¿Lo mío?, me gusta, original forma de llamarlo.
- Lo siento.
- No de verdad, me gusta- y esbozó una cariñosa sonrisa- pues depende, tengo días, momentos...pero intento ver el lado positivo de las cosas, con la paradoja que eso incluye.
Tras la pequeña burla hacia sí mismo, Carla no pudo contener la risa, que tras unos segundos contagió también a Martín.
- Me parece estupendo que sepas reírte de la vida.
- Hombre, no me queda otra.
- Me resulta increíble estar aquí contigo.
- ¿Y eso?
- No sé, nunca había entendido eso de que “el amor era ciego”, pero creo que esta noche lo he hecho.
- ¿Lo dices en serio?
- Absolutamente.
- Gracias, me siento muy halagado.
Tras los postres, Carla llevó a Martín a su casa. Aparcó el coche en el portal, quitó el contacto del coche, y se giró para hablar más cómodamente con Martín.
- Martín, sólo quería que supieras que me dan igual tus ojos, que me importa el corazón, y sé que es muy grande.
- Gracias Carla, de verdad, me siento muy a gusto y seguro contigo.
- Pues espero que te sientas igual de bien mañana, porque te invito a comer a mi casa. Te recojo sobre la una y media. ¿Te parece bien?
- ¿Bien? Me parece mucho más que bien.
Carla le dio un beso en la mejilla, ambos se despidieron y ésta esperó a que Martín entrara en el portal. Una vez dentro él la volvió a saludar. Dio la luz del portal, manías de la vida, y se adentró en el ascensor. Palpó hasta encontrar la tecla del segundo piso y apretó. Aún no podía creerse estar con una mujer como Carla. Lo tenía todo, era inteligente, alegre, cariñosa, y según decían, muy guapa. Llegó a su casa, guardó el bastón, se puso el pijama y se metió en la cama. No podía quitarse la sonrisa tonta de la cara. ¡Menuda cita! Había sido su primera cita con una mujer después del accidente con el ácido, aquel maldito ácido que le había dejado ciego de por vida. Pero ahora no le importaba, eso daba igual, porque al día siguiente tendría otra de las tantas citas con Carla, porque aquella misma noche Martín decidió convertirse en el amor ciego de su vida.

miércoles, 10 de junio de 2009

A mi manera

Son muchos, bueno, creo que a veces rondan la demasía, este nuevo tipo de REPORTAJES de investigación, a lo reportero torero que se adentra en lugares de lo menos sospechoso y de lo más sospechado. Me estoy refiriendo a personas que nos cuentan las debilidades reales de gente real, en nuestro mundo real, que a veces se nos presentan como imposible.
Dignos de admirar y alabando siempre su trabajo de la que me siento una fan absoluta, y tras haberme tragado muchos y cuando digo muchos, quiero decir muchos de estos reportajes, siempre se me queda la misma espina clavada con respecto a la juventud.
Todos aquellos que seáis jóvenes, que os sintáis jóvenes o que alguna vez lo hayáis sido, quizá os sintáis igual de sorprendidos que yo. Son muchos los temas de los que tratan estas mini crónicas sociales: drogadicción, prostitución, pobreza, juventud…Y es precisamente ahí donde quiero detenerme.
¿Por qué siempre que se habla de juventud se sacan a relucir los mismos y ya cansinos temas? Que si droga, que si alcohol que si coches, que si sexo… ¿Es que no saben buscar en otros sitios? Pues yo les daría mil y una direcciones en las que podrían encontrar a personas de lo más saludable, de lo más responsable, de lo más crítico y de lo más joven.
Porque no, no es incompatible esta serie de adjetivos con el adjetivo joven, sin embargo es lo que tratan de bombardear a todas horas y en todos los canales: que la juventud sólo se droga, que la juventud sólo bebe, que la juventud sólo se divierte a costa de costo…Y esto, a la par que me insulta me indigna, porque sí, es cierto, mucha juventud, y no tan juventud se divierte así, pero y ¿El ejemplo que se da a los futuros imberbes? ¿Es que no se pueden enseñar alternativas para gente, que como yo, y como muchos que conozco no quieren divertirse así?
Señores, les invito y les reto a que un día vayan a teatros, cines, restaurantes, pubs, casas particulares, boleras, bibliotecas, academias, talleres, museos, conciertos, …y me digan si hay o no jóvenes divirtiéndose. Pero no de la manera que ustedes lanzan y que a veces parecen incluso hasta recomendar, sino divirtiéndose como decía Sinatra, a su manera.

martes, 9 de junio de 2009

El bote de vidrio y el café

Aquí os dejo con un relato, uno de mis favoritos y cuyo autor desconozco, que espero lo disfrutéis tanto o más que yo, y si os puede servir de algo, mejor que mejor.
CUANDO LAS COSAS EN LA VIDA TE SUPEREN, CUANDO 24 HORAS AL DÍA NO SON SUFICIENTES, RECUERDA EL BOTE DE VIDRIO Y EL CAFÉ.
Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.
Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.
El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.
El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno.
En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un Sí unánime.
El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
"Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada más nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche... La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.
Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y para reparar la llave del agua.
Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto sólo es arena".
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y le dijo: "¡Me encanta que me hagas esta pregunta!".
El café es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de café con un amigo.

Sine Contentione

La palabra “esfuerzo” ha desaparecido de nuestro vocabulario. Pretendemos conseguir incluso la luna, sin que apenas nos exija una implicación especial, como si todo tuviera que ser fácil.
No somos conscientes de que tenemos el deber de cumplir unas obligaciones que requieren un esfuerzo permanente para conseguir lo que queremos. ¿Qué está ocurriendo? En mi opinión parte del problema reside en el modo de educación que parece haberse puesto de moda: “pide y se te concederá”. Cualquier niño tiene teléfono móvil en edades cada vez más tempranas, no colaboran como deberían ni siquiera en las tareas más simples, creen que el dinero cae del cielo y no hacen más que pedir un “ya”, “un ahora”, queriendo todo para “antes de ayer”.
Estos y otros ejemplos pueden parecer vacíos de importancia, por los que no hemos de alarmarnos. Cierto, pero no nos quejemos cuando tratemos de que Juan sea lo que Juanito no aprendió a ser.
En el plano adolescente ocurre lo mismo. Si no se ha exigido a los hijos desde pequeños que cumplan los deberes que cada edad exige, no podemos pretender que un joven de diecisiete años estudie, llegue a una ahora prudente, y cuente con el resto de la familia antes de hacer sus propios planes…sin obtener nada a cambio.
Estamos construyendo poco a poco una sociedad en la que predomina lo fácil, las cosas dadas, lo rápido, lo simple y por supuesto todo lo que sea remunerado.
La sociedad futura está en manos de la juventud, sí, pero que esa sociedad no vaya a pique es cosa de los adultos. Estaremos rodeados de personas con una inseguridad atroz, pues ya no les podremos atar siempre los zapatos, pagarles el saldo del móvil y esperar despiertos a que lleguen de fiesta.
¡Tratemos de recuperar la palabra esfuerzo “sin que nos cueste”!

Hablando en clásico

Muchas cosas han pasado a la historia gracias a la cultura grecorromana, tales como el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia etc. pero lo realmente extraordinario es que desde el mismo Sócrates hayan llegado hasta nuestros días palabras que si no fuera porque en mi caso, estudio lenguas a las que llaman muertas, no podría entender su significado. Debemos a Grecia y a Roma los pilares de nuestra cultura.
Palabras como televisión, teléfono, microondas, ortografía, perímetro…. son de origen griego y latino. Cualquier persona que estudie derecho, medicina, botánica… ha de ser consciente de que estudia a la vez latín y griego. Cuando vamos al pediatra, cundo nos convencen del carpe diem, cuando estimulamos nuestro alter ego, cuando acudimos al traumatólogo por una lumbalgia y nos receta un quiromasaje…estamos volviendo nuestra mirada de modo inconsciente a aquellas dos grandes culturas a las que hemos de manifestar nuestro más sincero agradecimiento.
También hemos tomado prestado del mundo clásico todo aquello que describe los vicios, las debilidades, o los defectos del hombre actual, y nada mejor que la referencia a la mitología para conseguir tan bellas comparaciones. Todos los días sufrimos una odisea para llegar al trabajo, bien por el tráfico, los niños, las prisas… ¿Cuántas veces dejamos de ir a alguna fiesta por considerarla una auténtica bacanal? Todo esto por no hablar de una serie de latinismos que han pasado a nuestra lengua como propias: porque a priori cuando entramos de incógnito en el aula magna para examinarnos, y tratar de obtener nuestro currículum vitae, todo parece ser como imaginábamos pero ipso facto, nos damos cuenta de que con ese modus operandi no podremos hacer nada motu proprio, y sólo, por el hecho de habernos quedado in albis.

Frente al papel en blanco

Frente al papel en blanco son muchos los pensamientos que se agolpan, todos distintos, pero con la misma finalidad, quedarse aquí para siempre. A las palabras se las lleva el viento, o al menos eso dicen, pero a las letras... no, a las letras no. Cuando son escritas, ya no hay vuelta atrás. Silenciosas testigos de nuestros deseos, ambiciones, alegrías, desencantos....
Mientras escribes, todo parece pararse. Sólo tú y el papel, frente a frente, en un duelo en el que muchas, o la gran mayoría de las veces, el enemigo de la desesperación vence.
Al escribir hablas, te escuchas, te enfadas, te regañas....y cuando al fin ves tu obra bien acabada tus miedos desaparecen y esa montaña de arena formada de preocupaciones que en un principio era un obstáculo, se transforma de pronto en un insignificante grano, y esbozando una sonrisa de satisfacción de nuevo te embargan las ganas de seguir escribiendo, porque escribir, no es sólo crear, sino también sentir.
Por ello cuando no escribo, temo, porque creo que no siento. Pero si de pronto lo consigo, esbozo de nuevo mi sonrisa, y más todavía me libero por dentro, porque si he escrito, es que de nuevo siento.