Nada más llegar, los colores y los olores te anuncian que aquello va a ser diferente, y te das cuenta de que no te equivocas. Apenas encuentras mujeres por la calle, a algunas casi ni las ves y hay otras a las que ves demasiado.
La ciudad del comercio, del regateo, de la oferta y la demanda, de barcos y taxis, de avenidas y callejuelas, de lujo y pobreza, de joyerías y pequeños comercios, de gente rica y gente pobre, pero eso sí, con un olor muy característico. Y es que Estambul huele a mar, a té, a kebaps, a perfume... pero sobre todo huele a diferente.
Una descripión de Turquía donde se puede captar cierta sensibilidad en tu prosa... por cierto este verano disfruté en Cieza ( Saja ) rodeado de tudancas en un bosque de acebos, verdaderamente Cantabria es Infinita.
ResponderEliminarTu post tampoco se queda atrás en cuanto a poética se refiere. Y tu identidad es...
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